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EL DIARIO DE JASMINAJasmina Tesanovic
EL DIARIO DE JASMINA

"SUDAMERICANA", Buenos Aires, August 99
"PLAZA & JANES", Barcelona, January, 2000

www.alexandria-press.comJasmina Tesanovic17 de marzo, 1998

Estoy temblando: ?por qué me tiemblan las piernas como atravesadas por una corriente eléctrica? Acaso porque temo que las necesite para huir y no me respondan. Siento miedo por todo ya. Temo a la muerte y las masacres. Temo no ser capaz de imaginar algún futuro posible. Miro a mi hija con sentimientos de culpa: Yo, con mi destino de piernas que tiemblan, no debí haber tenido hijos. Debí saber que los convertiría en víctimas, que los condenaba a crecer aquí en Serbia sin futuro y sin paz.

Cuando estaba embarazada en los anos ochenta, teníamos cortes de electricidad que duraban días. Era invierno y Tito acababa de morir. Tito siempre nos dijo que teníamos cantidades de electricidad, que éramos un país rico, los mejores del mundo, los más afortunados en el Este y en el Oeste. Y yo le creía, me gustaba su cara que conocía desde siempre. Imaginaba que era mi abuelo. Una vez, cuando era nina y vivía en El Cairo junto a mi familia, fui elegida para entregarle unas flores, pero luego me hicieron dárselas al presidente Nasser, porque yo era alta y Tito era bajo, y Nasser era alto y la otra nina era baja. Desde entonces me convencí que es mejor ser pequena. Me tiemblan las piernas como a una anciana. Desde nina me temblaron las piernas, pero entonces no conocía nada de la vida ni de las guerras. Era solo una nina triste que sufría.

Pasé mi infancia en el extranjero, mi madre que era médica dejó su profesión para seguir a mi padre a los distintos destinos adónde lo llevaba su carrera de ingeniero y hombre de negocios. Al principio ella se sintió frustrada pero luego se acostumbró. Me tenía a mí, pero cuando empecé mi educación en un internado inglés, se enfermó de asma.También se acostumbró a eso: a su soledad y a su asma. Vivimos en Egipto y en Italia: yo iba a un colegio inglés, hablaba serbio en casa mientras el mundo que me rodeaba hablaba árabe o italiano. Era algo más que una esquizofrenia, cada día alternaba tres idiomas, tres culturas...pero como mi madre, yo también terminé por acostumbrarme. Sólo muchos anos después, pude transformar aquella dolorosa babel en una ventaja, en un privilegio como decía mi padre.

 

27 de marzo, 1998

Aunque estemos en el siglo XXI, quise titular “Una ópera moral” a esta mi divagación.1 ?Era Leopardi un posmoderno aunque escribió su ópera moral en el siglo XIX? Y después de todo, ?qué me importa a mí la posmodernidad? Ella no se ocupa de mis dilemas morales, y es por eso que yo debo ser más moral que el Papa. He dejado de tener un alma, se rompió en mil pedazos. En su lugar tengo un diamante con aristas afiladas y cortantes que hacen sangrar mi estómago. Pero el diamante brilla, a veces sólo para mí, a veces para todos a través de mí. Depende de la luz y la transparencia.

Esta es una guerra políticamente correcta pero no es una guerra moral. No estamos siendo éticos, nadie lo es, tampoco los pacifistas.Lo he constatado en Bosnia, en Croacia y ahora en Serbia, que supuestamente es mi patria. Los norteamericanos son norteamericanos y políticamente correctos, lo que resulta doloroso para todos los que no son norteamericanos y son políticamente correctos de una manera diferente. Los norteamericanos no entienden. Nosotros las víctimas, nosotros los agresores, tenemos un concepto distinto de la vida cotidiana, tenemos emociones diferentes, y un concepto distinto de lo que significa la palabra ayuda. Lo que realmente percibimos es que la intrusa ayuda norteamericana sirve para sostener la autoimagen de gran nación políticamente correcta que se atribuyen los Estados Unidos. Y sin embargo, nosotros víctimas y agresores sabemos que los norteamericanos tienen razón. A todos nos gustaría ser norteamericanos, pero no podemos. Los norteamericanos no quieren que seamos norteamericanos, quieren que seamos “el otro”, un territorio donde poder implementar cosas nuevas. No me gusta verme hablando así. Aquí en Serbia y desde hace unos cuantos anos he quedado en la posición del traidor. Defiendo la intervención extranjera y me opongo a la barbarie nacionalista. Pero yo no quiero ser el otro para nadie, menos que menos para el mayor poder en el mundo, cuando pertenezco al poder más pequeno del mundo. ?Les parece justo?

Hoy mi deber moral es sobrevivir y decir la verdad sobre mi muerte. Pensé en escribir un ensayo teórico, un libro filosófico, o un simple libro de ficción como los de Carver. Pero soy demasiado ansiosa, mi universo de palabras está hecho de urgencias cotidianas, tragedias, noticias, de la falta de dinero, de comida y de amor entre las personas.

La otra noche mis vecinos rayaron mi coche, un automóvil de lujo de antes de la guerra, porque sentían envidia. Lo hicieron ostensiblemente alegando que como ellos habían perdido sus automóviles, era justo que yo perdiese el mío. Soy consciente de que tendría que defenderme, ir y gritarles en la cara que son unos vándalos. Ya no hay ley aquí que nos ampare y la policía no va a proteger nunca a una mujer que tiene un automóvil de lujo. Se supone que sólo los hombres pueden tener automóviles de lujo. Y en el Belgrado de hoy en día, los automóviles se defienden con armas. Mi vecino es un pobre alcohólico que no se adaptó a las nuevas maneras de hacer dinero delictivamente. Perdió su dinero y perdió el equilibrio. Está todo el día tomando cerveza tirado en el suelo. No es un buen hombre, no es un mal hombre, no es un vagabundo ni un marginal, es uno entre los miles humillados que habitan la sociedad serbia de la era posmoderna, construida sobre la decadencia física y moral. Ha entendido el Nuevo Orden y se adapta. Ambos formamos parte de los Nuevos Pobres. Lo único que nos distinguía era mi auto estacionado en el mismo pavimeto donde él toma su cerveza. Quiso librarse del símbolo que nos dividía. Lo comprendo. No tiene sentido tratar de explicarle que está mal andar rayando autos. El ha sufrido cosas peores ?por qué no debería sufrir mi auto? El delincuente que vive enfrente con su espectacular convertible rojo nos observa con dureza. No hace falta decirlo, nosotros lo sabemos, él lo sabe, todos saben que su automóvil no será tocado en esta ciudad. Porque él tiene un arma.

 

27 de marzo,1998

El silencio de nuestros padres, las mentiras de nuestros padres, persisten todavía, después de cincuenta anos. Mis padres nunca me dijeron la verdad, sólo querían que fuese obediente y educada. Nunca me hablaron de sus guerras, de sus sufrimientos, de cómo lograron sobrevivir al hambre y a las balas. ?Mataron a alguien alguna vez? ?Vieron matar? ?Valió la pena tanto sacrificio para crear ese país perfecto con el que sonaban? Necesito saber. Tengo derecho a saber porque eso forma parte de mi vida también. La Verdad: sé que no existe la verdad, pero díganme su verdad y no me la traigan servida como una “verdad apta para ninos”, para aquellos que nunca debieron conocer los actos de sus padres, para aquellos que, sin embargo, deberán contar el cuento y preservar la biblia. Mis padres pueden morirse hoy y yo me quedaré sin saber qué pasó realmente. Son héroes, hablan el lenguaje de los héroes, y yo soy un héroe fracasado. Un héroe caído porque no cumplí con mi deber y traicioné la educación que me dieron. Se avergüenzan de mí, todavía me aman pero no como antes, ya no con su sangre, su orgullo, sus huesos. No quieren tener nietos míos porque temen que el mal se propague. Esos padres que nunca lloraron, nunca me dijeron lo horrible que son el hambre y la muerte. Estoy segura de que sí lloraron y sufrieron durante la guerra. Dicen que soy cobarde y por eso nunca me dirán la verdad. Mi madre nunca me dijo lo doloroso que es tener un hijo porque soy cobarde, porque le temo al dolor. Muchos anos después me enteré que cuando yo nací ella gritó e hizo un escándalo, quería darse por vencida, quería abandonar a su bebé. Y yo era ese bebé. Yo no grité, en cambio, sufrí sola porque temía que se notase que era una cobarde. Alguien sin heroicidad, una mujer, eso soy. Una personita frágil, sufriente y neurótica abocada a evitar el dolor y el sufrimiento y que solo quiere alegrías. Mis padres, que quieren que yo cumpla con sus suenos, creen que alguien así no es capaz de convertir los suenos en realidad. Así son los locos, los bufones y los poetas. Gente que no merece escuchar la verdad. Y la verdad era todo lo que yo necesitaba. No quería dinero, ni gloria, ni poder, solo la verdadera historia de sus vidas, de mi vida. Ellos no hablan, no escriben. Yo lo hago por ellos, con amor y con odio, con la impotencia de una generación repudiada y maltratada. A veces me burlo de su cuento. Me ignoran. No escuchan a cobardes que no quieren pelear ninguna guerra, que no creen que exista algo como una guerra justa. Ellos y otros como ellos pelearon todas estas guerras en los Balcanes, las nuevas y las antiguas. Fueron sus ideas y su poder lo que hizo posible que hoy existan esos ridículos gobernantes que invocan las muertes antiguas. La muerte está aquí en todas partes. Está en la vida más que en la muerte, está en los que respiran más que en los que ya dejaron de respirar. Ya no culpo a políticos y gobernantes por las guerras y tragedias que padecemos, sino a todos los que hacen posible a esos gobernantes. Eso me incluye, a mí y a mi impotencia para sacarles la verdad a mis padres.

 

7 de abril, 1998

El ultraje que nuestro dictador nos está infligiendo a todos se acaba de poner en evidencia en la forma que eligió para plantear el próximo referendum: ?queremos que nos gobiernen los extranjeros?. ?No es una burda simplificación? Estoy hecha para dudar: no sé cómo son los dictadores, no sé cómo son los serbios, no sé lo que es la política. Sé que siempre dudo de las buenas intenciones cuando no se ven claras desde el comienzo. En la capacidad de destrucción de nuestro dictador veo mi propia autodestrucción: el que no hayamos sido capaces de enfrentarlo, ni yo ni mis compatriotas. Pero entonces me dicen que todo se reduce a su ambición por el dinero, por el poder y la buena vida. Y eso que él obtuvo es simplemente lo que todos perdimos. Son cosas que él no podía alcanzar en condiciones de vida “normales”, a través del trabajo y la leal competencia. Para poder sentirse normal y bueno necesita que todos suframos. Conozco el libreto, lo he observado en pequena escala en la vida diaria. He aquí un individuo salvaje e inmaduro, que nos tiene presos en una jaula. Prendió fuego a nuestro alrededor y nos escondió el espejo como a una Cenicienta en cenizas, para convencernos de que somos los serbios salvajes que no somos. Está falsificando nuestros pensamientos, nuestros deseos y nuestra historia. ?Es él una torpe y malvada madrastra mientras nosotros somos ángeles? ?o somos parte de su esencia, responsables de su poder y persistencia? Hemos sido embarcados en una guerra que no comprendemos y no queremos por unos cobardes incapaces de raciocinio que tienen miedo de negociar. ?Alcanza una sola pistola, un solo hombre armado, para guiar a la muerte a miles? He visto una pintura de la segunda guerra mundial donde un solo soldado lleva a las cámaras de gas a cientos de personas temerosas. Si uno solo corría, lo mataban, pero si todos corrían al mismo tiempo, nadie hubiese muerto. !Si simplemente alguien le arrancase la pistola de la mano! Nuestro dictador blande una cuchara de madera, es demasiado cobarde para portar un arma. Es un actor y nosotros los espectadores en la jaula.

Me considero una idiota política. En la antigua Grecia la palabra idiota designaba a la gente común que no tenía acceso al conocimiento y la información: todas las mujeres por definición y la mayoría de los hombres. Me creo a mí misma incapaz de juzgar, de elegir, no veo salidas para mí. ?Es normal esto? ?Me pasa porque soy una mujer? ?no ser capaz de identificar o juzgar opciones políticas es una condición natural de las mujeres? Todas las opciones políticas de mis compatriotas me resultan agresivas, extranas, estúpidas o forzadas en relación a mis verdaderas necesidades. Necesito moverme, comunicarme, tener hijos, hablar, jugar, divertirme. De eso no hablan, hablan de la historia, de causas y derechos históricos. Esa no es mi historia y si lo es, no fui nunca consultada. Hablan de sangre, de castas, de orgullo, de derechos, de visiones. Pero yo estoy desposeída, terriblemente desposeída. Me estoy volviendo loca por falta de amor y comprensión, por falta de diversión y risas y liviandad. No puedo estar pensando las veinticuatro horas del día en el miedo y en la posibilidad de una muerte inminente. Pensar en la muerte es ya la muerte. La muerte verdadera es tan solo una sensación física que mi mente puede evitar. Pero hoy tenemos aquí una cultura de la muerte, edificada en el instinto de morir o en el de sobrevivir. No quiero escuchar a mis instintos todo el tiempo. Quiero tener el control y dominar mis instintos básicos para poder sentirme bien y libre. ?Es eso lo normal? Lo perdí hace tanto tiempo y tan gradualmente que me es difícil saber cuándo y cómo. Fue una pérdida invisible de una categoría invisible. No puedo recordar, sé que existió aunque no se lo pueda probar a nadie aquí.

 

Segunda Parte: La Otán -1999-

 

 

26 de marzo,1 1999

Deseo que todos sobrevivamos a esta guerra y sus bombas: los serbios, los albaneses, los malos y los buenos, aquellos que tomaron las armas, aquellos que desertaron, los refugiados que deambulan en los bosques de Kosovo y los refugiados de Belgrado que van por las calles con sus hijos en brazos en busca de refugios inexistentes, cuando la sirena del bombardeo comienza a sonar.

Deseo que los pilotos de la Otán no dejen abandonadas a sus esposas y sus hijos a quienes vi llorando en la CNN cuando los aviones despegaban en pos de objetivos militares en Serbia. Espero que todos sobrevivan, pero no este mundo tal cual es: un mundo en el que la Otán estima que 20 mil civiles muertos es un precio aceptable si con eso se logra la paz en Kosovo, o donde el Presidente Clinton declara que quiere una Europa segura para las escolares estadounidenses.

Cuando el presidente serbio Multinosevic dice que pelearemos hasta la última gota de nuestra sangre, siempre siento que se refiere a mi sangre, no a la suya. Y todos se transforman no solo en enemigos sino en bestias, lobos, pasando de las políticas económicas y el discurso sobre democracia y los derechos humanos a cálculos sobre la cantidad de sangre a invertir, como si se tratase de combustible.

Fui al mercado. En mi vecindario los mercados están animados otra vez, se han adaptado a las nuevas condiciones: no hay más pan estatal, pero sí mucho grano disponible, ninguna información de la televisión oficial, pero muchos rumores entre la asustada población sobre quién está ganando.

Los adolescentes apuestan en las esquinas: qué aviones han sido derribados, los nuestros o los de ellos, quién miente mejor, quién esconde mejor a las víctimas, quién logra los mejores triunfos, o las mejores víctimas. Como si se tratase de un partido de fútbol.

La ciudad está silenciosa, pero todavía funciona: se recoge la basura, tenemos agua, tenemos electricidad. Pero ?dónde está la gente? -en las casas, en las camas, en los refugios. Escucho historias de crisis nerviosas entre mis amigos, hombres y mujeres. Aquellos, muy pocos, que tuvieron su crisis el ano pasado cuando empezó la guerra en Kosovo, ahora están mejor: el peligro verdadero asusta menos que las fantasías sobre el peligro. Me ocurre lo mismo. No podía enfrentar la guerra invisible pero sí puedo enfrentar necesidades concretas: pan, agua, medicamentos. Recibo entre diez y veinte emails al día de amigos y desconocidos que piensan en mí y mi familia, y quieren darnos su apoyo moral. Solo que ahora es ayuda material lo que necesito.

Todos se reunen en sus hogares a esperar las bombas: algunos apenas se conocen. Allí están los que fingían no estar enterados de lo que estaba ocurriendo en Kosovo y los que verdaderamente no sabían, también los que no creían que lo de la Otán iba en serio. Ahora nos sentamos juntos y compartimos todo eso.

Una amiga alemana que vive en Belgrado, me llama para decirme que no se fue del país, que tampoco sacó a sus hijos y ni siquiera al nieto que acaba de nacer. Está harta de todo y quiere tener el control de su vida. Una amiga feminista me pide que organice un taller de concientización.Otra quiere que vayamos juntas a Pacevo, la ciudad que ha sido bombardeada en las afueras de Belgrado, para que yo haga una lectura de mi última novela. Pero no hay gasolina: tendremos que comprar bicicletas.

Nos telefoneamos todo el tiempo intercambiando información. Observo que los ninos manejan mejor las cosas y se mantienen activos. Son demasiado jóvenes para pasársela especulando como nosotros: manejan hechos. Se mantienen bien informados a través de la televisión satelital y los programas locales para ninos.

Pienso en mis amigos albaneses de Kosovo: han de estar peor que nosotros: me invade el miedo ante este pensamiento, significa que todavía no hemos llegado al final.

Duermo profundamente sin sonar, tengo miedo de despertar pero estoy contenta de que todavía no haya sobrevenido la verdadera tragedia. Todavía estamos vivos, a cada segundo nos miramos para comprobarlo. El tiempo está lindísimo, lo disfrutamos y lo tememos: cuanto mejor esté el tiempo más bombardeos habrá, pero también es verdad que podrán ser más precisos. Si solo supiera qué clima es mejor para mantenernos vivos.

La víspera de los bombardeos, vi, finalmente, “La vida es bella”, la película de Benigni. Al día siguiente el drama lo vivíamos nosotros. Quizás no debí haberla visto, pero ya es tarde para arrepentirse. Descubro que en cada juego de guerra que organizan los hombres malos es siempre mejor estar entre las víctimas.

 

La alarma, con su dramática sirena que suena intermitente por un largo minuto, acaba de interrumpirme... es mi censora y mi cronómetro. Pongo la CNN para saber por qué hay alarma en Belgrado. No lo saben, nos enteraremos por la televisión local después que todo haya pasado.

 

26 de mayo,1999

Nuestra tediosa vida cotidiana se vuelve importante, a medida que la filmamos: Me doy cuenta que es la vida de todos, no solo la mía, y cada uno que participa de una u otra manera hace que el cuadro general se vea más convincente. Todos afilamos nuestras percepciones al hablar de la falta de agua, de luz, de nuestras pesadillas y nuestros suenos.

Hoy fuimos a filmar a un lugar peligroso, cercano a una zona de Belgrado que es atacada periódicamente. Estábamos bajo alarma y se nos acercó un vehículo militar. Antes de que pudiésemos exhibir nuestros permisos, nos apuntaron con sus armas: literalmente quise desmayarme. Debo estar loca para intentar esto. Pero luego fueron muy amables y se excusaron diciendo que solo cumplían con su deber. Terminaron aconsejándonos que nos fuésemos: otra vez me pregunté, por qué diablos estaba haciendo esto. Pero entonces también deberíamos preguntarnos ?por qué está ocurriendo esta locura? ?cómo ser racionales cuando todos se han vuelto locos? Es la política de alto riesgo, como dice mi esposo, que se ha deteriorado en política de riesgo absoluto.

Fuimos a un restorán que está en un bote en El Danubio: un lugar hermoso donde antes solíamos gastarnos todo el dinero que teníamos a cambio de unas pocas horas de eternidad. La comida todavía es buena aunque ya no sirven frutos de mar: sí, perdimos el mar. El restorán estaba prácticamente vacío y cerró a las 7 de la noche, así que no nos alcanzó el tiempo para tener una tregua que nos dejase olvidar la guerra.

De vuelta a casa, vimos a unas pocas personas sobre el puente participando en las acciones de “Defenderemos los puentes con nuestros cuerpos”. La artista conceptual Marina Abramovic hizo lo mismo en su performance, pero ella ofrecía su cuerpo, no el de otros.

Hoy me encontré con mi amiga italiana. Vino de visita a Belgrado después de haber vivido muchos anos aquí. Me contó que Italia está reaccionando ahora que hirieron a los pescadores en Venecia. Le dije que Italia es también mi patria, la mia Italia, pero que no puedo aceptar que la vida de un italiano valga ahora la de mil albaneses y quizás la de cien serbios: ese es el precio del despertar.

Escuché que hay doctores que recomiendan a las embarazadas de pocos meses que se hagan un aborto. No sé si es a causa de las radiaciones o se trata de una consejo político-económico. Un doctor dijo: es lo que le aconsejaría a mi hija. También escuché en la BBC que nacieron mil ninos en los campos de refugiados de Macedonia. La vida continua, gracias a Dios.

 

2 de junio,1999

Hace más de un mes, cuando apostábamos sobre cuando terminaría la guerra, dije que sería el 2 de junio, aunque no tenía ninguna razón especial para elegir esa fecha. Y hoy es el día.

Anoche recuperamos la luz después de 24 horas. Fue a medianoche, estábamos escuchando con ansiedad la radio Europa libre a la luz de las velas. Cuando volvió la luz no quisimos sintonizar la CNN porque ya los canales extranjeros dejaron de hablar de nosotros. De todas formas tenía el presentimiento, por primera vez desde que se inició la guerra, de que este sería el día. La idiota política que soy se convirtió en alguien que razona, y encontré un argumento para que la guerra terminase. En la radio otras personas estaban expresando ese mismo sentimiento: sentimientos de idiotas políticos que finalmente encontraban un lenguaje político y teórico para expresarse, como el que me solicitaban los periódicos extranjeros hace unos meses. Me sentía orgullosa al oírlos, pero de pronto sentí miedo: ellos volverán, los triunfadores, sean quiénes sean, aquellos que no vivieron el horror en Belgrado, y tomarán el poder con el astuto lenguaje que admiramos: y nos enganarán otra vez, los mismos que ya conocimos u otros nuevos, malos o buenos. Siempre es un problema de palabras, las palabras que los idiotas políticos no podemos controlar pero a las que siempre nos sometemos. Sí, deseo la paz, pero también la temo. No sé si seré capaz de manejar toda esa paz, estoy desgastada por la guerra pero feliz de sobrevivirla. Una amiga italiana me pregunta: de modo que no tienes ni pan, ni agua, ni luz, pero pareces estar en buena forma. Sí, dije, y ya no soy capaz de recordar el abatimiento que sentía hace apenas algunas semanas.

La mayoría de las personas dan la espalda a aquellos que están en problemas, hay algunos que no, todo este horror vale la pena por esos pocos que nos demuestran lo que el ser humano es capaz de dar. Perdí a la mayoría de mis amigos pero encontré a unos pocos que nunca me defraudarán.

Estamos tan aburridos que apenas nos soportamos: no hay nada para hacer. Nos peleamos con nuestros hijos porque no los dejamos salir bajo las bombas, y porque no tienen nada que hacer después de que anochece. Hablemos -les digo- hemos olvidado cómo es contarnos cuentos como lo hacían en siglos pasados. Para ellos sentarse en la oscuridad junto a sus padres sabe a derrota. Y, según su edad, lloran o grunen.

Mi padre fue al banco a pagar sus cuentas de luz y agua; nadie las paga ya ahora. El sostiene que debemos apoyar al estado en esta catástrofe. La empleada que lo atendió se enojó con él. Usted, viejo tonto, me obliga a estar aquí bajo la alarma solo para darse el gusto de gastar su última moneda, no se da cuenta adónde nos condujo su estúpida sumisión. Mi padre se sintió gravemente ofendido como le viene ocurriendo en los últimos anos. Siente que no recibe el respeto que su trayectoria merece. Sin embargo, me dijo: Puedo entender a esa mujer, pero no tiene razón, un estado es un estado, mi padre sirvió al estado austrohúngaro...

 

12 de junio,1999

Poco a poco la guerra se aleja de nuestras vidas. Anoche los bares y restoranes de mi vecindario reabrieron sus puertas y las calles estaban llenas de gente. Durante los raídes aéreos también había gente en las calles, pero por otras razones. La tensión se ha ido, todo está más iluminado y se vende Coca Cola las veinticuatro horas del día. Hoy las tropas están llegando, pero la gente no lo siente como una ocupación, aunque están incómodos, como en los primeros días de bombardeos. Nadie sabe realmente cómo afectará todo esto nuestro futuro.

Los grandes poderes se pelean por nuestra patria destrozada. Grandes crímenes, grandes palabras, en un paisaje desvastado. La única manera de mantener la calma es tomarlo como viene, sin enganos, con toda la fortaleza y toda la sabiduría que la historia nos ensena.

Debo admitir que me siento bien ahora que llegan los rusos por el norte, los ingleses por el sur, y hay soldados de todos los colores como en una película de Hollywood. Me siento menos aislada. Dejen que vengan todos, que nuestras historias se mezclen, cualquier cosa mientras no quieran levantar un muro.

 

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